Soy un salvadoreño viviendo en Moscú, estudio ciencias políticas aquí desde hace 8 meses. El estar aquí me ha hecho ver la realidad del país desde otra perspectiva. Me he dado cuenta que se puede comparar con la cocción de un huevo. Sí, así mismo.

Se podría decir que soy un cocinero regular gracias a las recetas que todos los días veo en Facebook pero nunca, en los 21 años que viví en El Salvador, aprendí a cocinar un huevo tibio. Siempre o me quedaba muy crudo o duro, tuve que recurrir a Youtube para entender por qué no me quedaban bien los huevos tibios. Puede ser sencillo para muchos pero yo no sabía cómo hacerlo. Tal parece que hay que esperar que el agua llegue a su punto de ebullición y ahí poner los huevos por 4 o 5minutos. Es en ese preciso momento en el que la cocina me regaló una analogía un tanto filosófica entre los huevos tibios y El Salvador.

El agua alcanza su punto de ebullición a los 100°C, podríamos decir que el agua en El Salvador ha estado cerca de bullir incontables veces en los últimos 2 años. La inconformidad ante la coyuntura nacional ha seguido subiendo la temperatura dentro de esta olla que se llama El Salvador. Lo que yo no logro entender es por qué cuando el termómetro marca los 99°C en el país, pasan un par de días y la temperatura vuelve a bajar. Nunca bullimos. Tomemos un ejemplo para entender mejor mi analogía. La cobertura del caso de los trolls con Nayib, duró a lo mucho dos semanas y se nos olvidó, el juicio a Saca también se nos olvidó o mi preferido, lo de los NINIs. Cualquiera podría decir que la priorización de los problemas de nación está dada por el interés mediático y no por el peso de los mismos en la sociedad salvadoreña. Entonces ¿quién nos está enfriando el agua que no nos deja cocinar? Los medios, el gobierno, los dos, nuestra volubilidad ¿qué?. Para mí, es todo. Somos unos niños que nos siguen entreteniendo para que sigamos esperando la comida y nunca comemos.

Tenemos que entender algo, por más que suene fatalista, si nosotros no empezamos a señalar los problemas a los políticos, cuestionarlos y exigirles transparencia en sus actos. Un día de tanta agua helada que le vamos a haber echado a la olla que hasta se nos va a ir el hambre. Trabajemos objetivamente, que nuestro denominador común sea el azul y blanco y nada más. Cocinemos nuestro huevo tibio como Dios manda y no nos dejemos que le echen más agua helada a nuestra olla porque ya no le queda espacio para más agua.