Es importantísimo preguntarnos, ¿Por qué hay poca participación de las mujeres en la política?

No vengo a hacer una lucha feminista ni de hablar de igualdades. Vengo a hablar de la representación; no se puede construir una verdadera democracia con la exclusión de ciertos grupos.

La participación de las mujeres en el ámbito político es una tarea pendiente de la sociedad e institucionalidad salvadoreña. En los últimos años se ha ganado un poco de terreno y se han ido dando pasos importantes para aumentar progresivamente estos liderazgos, sin embargo estos pasos no han sido los suficientes para tener una verdadera representación de nuestra población.

En la actualidad las mujeres en El Salvador constituyen el 53% de la población; somos más de la mitad de la población que vota, y no es representada como tal. Vivimos en una “fiebre de cuotas” y nos equivocamos al caer en la trampa de la igualdad, y pensar que la lucha es esa. La lucha (si es que se debe definir así) es por tener una verdadera democracia representativa a la población.

La participación de mujeres en cargos públicos es visto como “tener que cumplir una cuota” gracias a la Ley de Partidos Políticos. Esta ley, y en especifico el Artículo 37,  “obliga” a los partidos a incluir en sus planillas a cargos públicos al menos el 30% de mujeres. En las últimas elecciones (2014), se logro que la participación de mujeres en la Asamblea Legislativa aumentara a un 32% y 35% en el Parlamento Centroamericano. Mientras que en cargos municipales son ocupados por mujeres únicamente 27 de 262. Cifras que siguen siendo bajas.

Deberíamos de empezar por ver la participación de mujeres en la política por lo que es y no por cumplir cuotas. Se debe de valorar las capacidades técnicas, liderazgos y no celebrar la participación de mujeres solo por ser mujeres. Caemos en la trampa de “representación femenina” y se nos olvida lo importante: la participación de mujeres no puede ser por cumplir una presión de ley y menos por una lucha de género.

Vivimos en una sociedad en donde tenemos la tendencia de pensar que las mujeres no están capacitadas para la política, que su trabajo es otro. Desde pequeñas somos educadas en expectativas, creencias y formas en torno a lo que debe de ser la vida de una mujer. Creencias que a veces compartimos entre las propias mujeres al pensar que no estamos capacitadas para incidir en la política.

Se necesita dialogar y concientizar para ir rompiendo ciertos patrones en la sociedad. El diálogo tiene que ser capaz de inspirar y abonar al terreno donde se pueda sembrar sus ideas, y con eso ir abriendo los espacios donde haya voluntad para el cambio.

Como mujeres vivimos pensando que no es nuestro momento. Si los espacios no están entonces depende de nosotros crear los espacios para incidir en política y en la sociedad.

Es tiempo de ir abriendo el camino para las futuras generaciones. Debemos empoderar a esta generación para ir formando líderes de comunidades y organizaciones para que adquieran independencia y las herramientas necesarias para poder tener una mayor participación ciudadana.

Lo importante es actuar y aportar de semilla en semilla. Yo lo hago, ¿y tú?