Ya pasó una semana desde que el candidato republicano, Donald J. Trump se convirtió en el presidente electo de los Estados Unidos. Esto ha traído mucho descontento entre las distintas partes del mundo, en especial en América Latina y la comunidad de latinos viviendo en el país norteamericano. Trump desde que lanzó su candidatura fue firme con sus políticas migratorias en las que hablaba de construir un muro en la frontera con México e incluso de deportar a millones de inmigrantes ilegales.

La inmigración ilegal ha sido y es un problema serio para los Estados Unidos desde hace mucho tiempo y es algo que el gobierno estadounidense ha intentado resolver con poco éxito en sus recientes administraciones. Ha sido el presidente Obama el que más personas ha deportado en los últimos tiempos.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos reveló que entre el 1 de octubre de 2014 y el 31 de agosto de 2015 se habían deportado 214,264 indocumentados y de estos el 41.1% eran personas sin antecedentes criminales. El número total de indocumentados que han sido deportados entre el 2009 y el 31 de agosto de 2015 de acuerdo a los datos oficiales del Departamento de Seguridad Nacional asciende a 2,488,302 y según un estudio realizado por la Universidad de Syracuse en Nueva York, la mayoría de deportados son latinoamericanos, principalmente mexicanos.

Me parece demasiado curioso como muchos salvadoreños y latinos están protestando en contra de Trump por querer corregir el problema de la inmigración ilegal en los Estado Unidos; cuando eso es algo que no es nuevo. George H.W. Bush, Clinton, George W. Bush y Obama han llevado a cabo distintos programas para detener la inmigración ilegal y a la vez han deportado a millones de personas y familias.

¿Se han puesto a pensar por qué los Estados Unidos apoya el financiamiento de distintos programas sociales en el país? Es simple. Ellos quieren que la gente deje de migrar a su país y para eso deben intentar resolver los distintos problemas sociales y carencias que las familias salvadoreñas tienen en nuestro país que los obligan a buscar un mejor futuro en el país norteamericano. Un presente y un futuro que debido a la corrupción en nuestro país no se nos puede garantizar; por eso también la presión de los Estados Unidos para combatir la corrupción, pero ese es un tema aparte.

La indignación de muchos está mal focalizada, ¿por qué indignarse con un presidente electo que busca que se respeten las leyes en su país? ¿Por qué indignarse con un presidente electo que busca fortalecer un sistema de inmigración que actualmente permite que muchos se burlen de las autoridades?

El verdadero problema está en nuestro país, en México, Guatemala y demás países que debido a las condiciones de pobreza e inseguridad en la que viven, obliga a muchos a buscar mejores oportunidades fuera de su país. La responsabilidad de la inmigración ilegal no recae en Trump ni en los Estados Unidos. Son nuestros gobiernos, nuestros políticos y nosotros mismos los que permitimos las faltas de oportunidades en nuestros países; permitimos la corrupción, la desigualdad y la violencia que obliga a millones de personas a irse a los Estados Unidos arriesgando su vida, dejando a sus familias, por el único deseo de superarse en un país donde si existen las oportunidades.

Ya dejemos de quejarnos de Trump y del gobierno estadounidense por sus políticas migratorias, ellos están en todo su derecho de fortalecerlas. Lo que debemos hacer, es exigirle a nuestros políticos y a nuestros gobernantes que dejen de robar, que dejen de pactar con criminales que amedrentan a ciudadanos honrados, que combatan la impunidad, la evasión fiscal, que hagan cumplir la ley y todo lo que sea necesario para mejorar la calidad de vida de los salvadoreños, ese debe de ser nuestro verdadero problema, nuestro verdadero motivo de protesta.

En nuestras manos está mejorar el presente y el futuro de nuestro país, es nuestro deber hacer de El Salvador un país del cual nadie quiera o se vea obligado a irse.