Fotografía por: Emely Navarro

El Salvador duele, en distintos modos, pero nos duele a todos. Creo que está de más decir que el país vive una de las mayores crisis institucionales. No hay que ser expertos para darnos cuenta que las cosas aquí no van nada bien. No podemos permitir que nuestro país siga en esta dirección, mucho menos podemos permitirnos ser una ciudadanía insensible ante los temas importantes de nación. No podemos esperar que alguien haga algo, tenemos que hacerlo nosotros mismos.

Este es nuestro mayor reto y a la vez nuestro mayor error. No podemos seguirnos quejando en redes sociales solamente. Del dicho al hecho hay un trecho y todos tenemos que dar ese paso. Basta ya de este circo político en el que nos han envuelto y donde nos ven la cara día a día haciéndonos creer lo que quieren que creamos.

El día que como ciudadanía tengamos bien claro que nuestros gobernantes trabajan para nosotros y no al revés, vamos a dar un paso en la dirección correcta. Nosotros no podemos seguir pagando impuestos para que ellos los usen en concepto de fiestas, refrigerios, viajes etc. Tenemos que ser una ciudadanía activa, exigente, y sobretodo, vigilante. El Salvador necesita mejores gobernantes, y ¿adivinen quién escoge? La única salida en este laberinto es alzar la voz, cuestionar a nuestros gobernantes cuando las cosas no nos cuadren, exigir que nos rindan cuentas, así como nosotros se las hemos rendido a nuestros padres cuando les hemos hecho algún mandado. Parece ser que como sociedad civil estamos perdiendo la voz, y nos están dejando a un lado.

No sé qué país quieren ustedes, pero yo quiero un país donde los hospitales cuenten con las medicinas y los equipos necesarios para atender a los enfermos.

Yo quiero un país donde todos tengamos derecho a la educación en condiciones dignas con maestros capacitados, escuelas sin goteras y material didáctico.

Yo quiero un país donde los muertos no sean solamente números o estadísticas.

Yo quiero un país donde se castiguen a los corruptos, vengan de donde vengan.

Yo quiero un país donde haya agua para todos.

Yo quiero un país donde las madres y padres no piensen que puede ser la última vez que ven a sus hijos cada vez que sus éstos salgan de casa.

Yo quiero un país donde me den mi pensión después de jubilarme.

Yo quiero un país donde ser de otro partido no nos convierta en enemigos.

Si no lo hemos hecho ya, abramos los ojos y démonos cuenta que Salvador no cumple y El Salvador no avanza, retrocede.