Una vez leí en Twitter que un país no puede ser mejor que su gente; y esa frase me dejó pensando.

Muchas veces tanto en spots publicitarios, en campañas o simplemente en conversaciones hemos escuchado que lo mejor de El Salvador es su gente. Recientemente, he visto un video en el cual vimos imágenes impresionantes de nuestro país, de igual forma una galería de fotos de un El Salvador fuera de serie. Esto, me hizo seguir cuestionando la frase anterior. ¿Somos nosotros lo mejor de nuestro país?

Pónganse a pensar. Somos nosotros los que irrespetamos todos los días el reglamento general de transito. No somos considerados con el peatón, no le damos la pasada a nadie, nos parqueamos donde queremos sin importarnos nada. No respetamos el parque de personas con discapacidad ni el de mujeres embarazadas.

El ser aprovechado se ve como viveza; por eso nos metemos en la fila, ofrecemos mordida al policía y al mismo tiempo exigimos que no exista corrupción,

Cuando hay partidos de fútbol son comunes las riñas entre la afición. No respetamos la convivencia entre vecinos, ponemos la música a todo volumen, dejamos que nuestras mascotas hagan sus necesidades en la acera de enfrente. Criticamos todo sin proponer soluciones.

Y no nos olvidemos la división ideológica que protagonizamos. Odiamos al que piensa distinto, al que es de otro partido, al que es “guerrillero” o “arenazi”. Ofendemos, insultamos y nos peleamos en las redes sociales cuando alguien se atreve a defender lo que piensa. Es más, si alguien piensa distinto y se atreve a salir del espiral del silencio o del borreguismo es tratado como traidor o vendido.

Queremos que todos a la fuerza tengan nuestras mismas creencias religiosas; y pobre aquel que no practique ninguna religión. No nos importan los derechos de minorías que tienen derecho a creer lo que quieran. No se respetan las creencias y opiniones del que piensa distinto.

Son los “líderes” de nuestro país los que fomentan la división, el resentimiento y el odio. Son los gobernantes, salvadoreños como todos nosotros los que dejan morir a tanta gente a consecuencia de su corrupción. Los que llegan a enriquecerse en lugar de trabajar por su gente.

Son muchos los que se andan matando por una guerra entre pandillas, y los que se alegran de las muertes de delincuentes; los mismos que dicen ser personas religiosas. Son muchos los que delinquen, los que le roban su sueldo o sus cosas materiales a los salvadoreños trabajadores, los que los intimidan y extorsionan.

Fueron muchos los que se burlaron de Funes por su salida del gobierno, mientras él perdía a su madre. Ahora, son muchos los que se burlan, cuestionan y celebran la muerte de Francisco Flores sin importarles el dolor de su familia.

Somos nosotros, su gente, los que ponemos y quitamos gobernantes. Los que permitimos que una clase política corrupta tenga en sus manos las riendas del país. Los que defendemos a capa y espada a los políticos de nuestra simpatía, pero queremos cárcel para el que nos desagrada.

Somos nosotros los que no votamos, los que no exigimos mejores candidatos, los que no hacemos nada para corregir el rumbo de nuestro país.

No tenemos solidaridad, somos indiferentes. Si yo estoy bien, todo lo demás es secundario. Si hay alguien que ayuda es criticado o señalado que lo hace porque quiere algo.

Y así, pudiera seguir enunciado las miles de malas practicas que día a día cometemos.

No estoy diciendo que todos y cada uno de los salvadoreños son así, pero si muchos. Tantos, que perjudican el progreso de nuestro país y contagian de negativismo y odio a los demás.

Tenemos que cambiar, tenemos que ser personas dignas de nuestro país. Tenemos que defenderlo, cuidarlo y respetarlo. Debemos dejar a un lado el odio, el oportunismo, el ser aprovechados e indiferentes.

Es difícil que como personas seamos mejores que nuestros lagos, montañas, playas, ciudad, pueblos, valles, cielos, atardeceres y tanta belleza que nos rodea. Pero lo que si podemos es intentar ser mejores salvadoreños; agentes de paz, respeto y solidaridad.

Seamos lo que en realidad dicen que somos…